Psicología del Poker - ¿Suerte o varianza?

Psicología del Poker - ¿Suerte o varianza? 0001

¿Hasta qué punto influye la suerte en el póquer? Me he encontrado con algunos de los personajes más notables en póquer que le adjudicaban desde un 50% hasta un 10%. Las respuestas más complejas especifican así: "90% a corto plazo pero sólo 5% a largo plazo" o "mucho más en la actualidad, con todos esos burros que juegan ahora..." Pero nunca he oído a los grandes jugadores, a los intermedios, o incluso un novato de un viernes noche, dar una única y contundente respuesta correcta para esta pregunta. Entonces…¿cuál es la respuesta final?

¡La suerte no existe en el póquer!

Existe la variabilidad y la varianza pero seguro que usted sabe que con el tiempo todo se nivela, sabe que quiere que el "burro" iguale todo el día, todos los días;

aunque esto signifique un riesgo para usted de quedarse fuera del torneo. Desde una perspectiva psicológica, tengo razones para pensar que cualquier creencia en la suerte es perjudicial para su bankroll y su habilidad para jugar.

Antes de exponerle mis argumentos, vamos a ver un ejemplo de lo que algunos llaman suerte o mala suerte y que debería ser correctamente identificado como varianza. ¿Sabe qué es la varianza?

En palabras de Mike Caro: "Una medida de diversidad de la distribución estadística con relación a su promedio o centro. En lo que respecta al póquer, es la distribución de sus resultados a lo largo de una serie de manos o sesiones, o los cambios en una dirección positiva o negativa del movimiento de sus efectivos. Cuanto mayor sea la varianza, más abruptos serán los cambios; cuanto más baja sea la varianza, más probabilidades habrá de que los resultados en una sesión concreta sean similares al resultado medio del individuo".

Ahora bien, si usted juega un póquer perfectamente estadístico, se basará en las veces que las probabilidades o la distribución de los resultados le sean desfavorables. Esto es lo que algunos llaman "mala suerte" para usted y "buena suerte" para su adversario.

Ahora veamos nuestro ejemplo: Usted y su oponente están jugando a todo en el turno, las cartas están vueltas, usted va por delante y el otro jugador tiene cuatro salidas. Según las estadísticas, ¿esto qué significaría?

En una baraja de 52 cartas, usted puede ver 8 cartas (4 sobre la mesa y 2 en cada una de las 2 manos), así que quedan 44 cartas sin descubrir y 4 de ellas servirán para que su adversario gane y usted pierda. Estadísticamente, ganaría 40 veces de 44, o 10 de 11 veces.

Así pues, ninguna persona razonable discutiría que, según la media, sólo 1 de cada 11 veces perderían dada esta situación. Pregunte a cualquier buen jugador de póquer si estaría dispuesto a jugarse un torneo con estas probabilidades de 10 contra 1 y seguro que le respondería: "¡Sí!" Siempre. La pregunta es sencilla, ¿entonces dice que sí a esta proposición cada vez que juega? Si lo hace, es porque entiende la varianza y rechaza la lógica confusa de la suerte. Es más, es consciente de que el sentarse en la mesa de póquer le compromete con un juego que es, de hecho, una apuesta y que lo está haciendo voluntariamente.

Ahora surge la siguiente pregunta: ¿Por qué la creencia en la suerte tiene un efecto negativo sobre mi juego? El fallo en su juego no se da cuando no está teniendo suerte (cuando la varianza estadística le está siendo desfavorable) sino cuando está teniendo suerte. Vence con su carta milagrosa y piensa: "¡Qué suerte tengo!" ¡Error! Ha conseguido todas sus fichas con la peor de las suertes, ha arriesgado su torneo en un juego con 1 posibilidad entre 10, pero cree que ha ganado sólo porque tiene suerte, en lugar de analizar "¿Por qué hice eso?" Así que no aprende de los errores que haya podido cometer y atribuye su supervivencia en el torneo a mera "suerte".

A decir verdad, ¿analiza usted sólo la mano con la que ganó u observa meticulosamente cada acción que lleva a cabo cuando "tiene suerte"? Si realmente aprendemos de nuestros errores, los admitimos y analizamos, conseguiremos mejorar nuestro juego. No culpe a la suerte de sus derrotas, fue la varianza. No intente exprimir su suerte, mejor reflexione largo y tendido sobre cómo tentó a la varianza e intente no volver a hacerlo. Hágalo un 10 entre 1 y no al contrario.

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