La columna de May Maceiras: Emociones a un lado

La columna de May Maceiras: Emociones a un lado 0001

Normalmente, cuando se habla de la parte emocional del poker, todo gira en torno al "tilt". Todo el mundo sabe lo que es jugar "on tilt", y todo el mundo sabe que no se debe jugar en ese estado. Pero no todo el mundo sabe detectar cuándo está "on tilt" y, desde luego, no todo el mundo sabe controlarlo.

Solemos asociar el "tilt" con ira. Te afecta un bad beat o el perder una gran mano, "te enfadas" y comienzas a jugar irracionalmente. Pero cuando hablamos de la parte psicológica y emocional del poker no podemos reducirlo todo a la ira y frustración que provoca el "tilt". Cuenta todo: tanto el estado de ánimo con el que nos sentamos a la mesa, como el grado de confianza que tengamos en nosotros y nuestro juego, nuestra personalidad, nuestras inseguridades, y un larguísimo etcétera.

Y, sin embargo, en el poker (y en general, en cualquier otro contexto) no le concedemos al apartado emocional la importancia que merece. Es un juego técnico, de habilidad, de estrategia, de matemática. Debes ser frío y calculador. Pero, por suerte o por desgracia, también es, no nos engañemos, un juego de egos, de ver quién es más fuerte. Así que, no sólo tienes que ser frío y calculador, sino que además, tienes que parecerlo. No hay lugar para determinados estados de ánimo. Que alguien se siente en una mesa con miedos, dudas, inseguridades, o incluso complejos es inconcebible. Para muchos, sería algo de lo que avergonzarse. Oh no!! tienes que parecer fuerte! de lo contrario te atacarán!!

Ahí está el fallo. Creemos que es erróneo asumir o reconocer una debilidad. Está implícito en el propio carácter del juego. Es "inconcebible" que nos dejemos influir por nuestras emociones. Las negamos o pasamos por alto, quitándoles importancia, y creyendo que las tenemos bajo control, cuando en realidad puede que nuestro estado emocional nos esté influyendo más de lo que creemos.

Resulta complicado no dejarse llevar. Y no siempre sabemos hacerlo. Hay quien se enzarza en una batalla individual contra el rival que le ha robado tres botes seguidos. Hay quien entiende como un ultraje personal el que alguien le cuele un farol. Hay quien no sabe aceptar un desplante de la suerte. También hay a quien le afecta la presión externa, la gente mirando, las expectativas, las críticas... hay a quien le ciega la ansiedad de hacerse con todas las fichas del "pardillo" de la mesa antes que los demás, hay quien se involucra con una mano o con un bote hasta el final y no sabe decirle adiós aún sabiéndose muerto... en fin... tantas cosas! Quien no se sienta identificado, que levante la mano.

Debemos reconocer e identificar nuestro estado de ánimo. No se trata de ignorar nuestras emociones. Se trata de reconocerlas. Saber si algo nos está afectando y de qué manera. Si sabemos lo que nos pasa estamos empezando a controlarlo.

Y esto es muchísimo más importante de lo que pueda parecer. Sobre todo en un torneo, conocer y controlar la parte emocional es básico para poder desarrollar un juego ganador. En un torneo lo único que importa es ganar. Sobrevir a todo y a todos. Y si a mitad de torneo, caes eliminado, poco importan las jugadas espectaculares que hayas tenido antes, poco importa que te hayas cargado al tío más duro de tu mesa, o que hayas robado más que nadie, o que le hayas colado un "superfarol" al mejor jugador de todo el torneo. Es lo de menos. No vale de nada si no has ganado. Por eso, tenemos que mantenernos muy alerta a aquellos momentos que sabemos que pueden afectar a nuestro juego y llevarnos a cometer errores. Para intentar controlarnos. Y si de vez en cuando cometemos un pequeño error, o si nos roban un par de botes, no debe afectarnos demasiado. No puede importarnos que haya alguien en la mesa que nos considere débil o un mal jugador. Lo único que importa es que no nos desvíemos del objetivo principal: ganar.

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