Psicología del Poker: Escrupulosidad

Psicología del Poker: Escrupulosidad 0001

El rasgo de la personalidad que trata sobre la organización, la disciplina, la deliberación y la prudencia es la escrupulosidad. La comparación típica se suele hacer entre alguien que mantiene su casa cuidada y ordenada y alguien que es sucio y desordenado. Este ejemplo no tiene nada de malo pero la escrupulosidad es un rasgo que nos pide fijarnos en los extremos.

¿Qué ves cuando entras en una casa sucia con ropa tirada por el suelo y platos en el fregadero? Si piensas y ves pereza, desorganización o incluso menos inteligencia probablemente veas una casa ordenada como una señal de aplicación, organización e inteligencia.

¿Y una casa con todos los muebles cubiertos con plásticos? Los libros en las estanterías todos en una línea perfecta (y probablemente ordenados por colores). El suelo limpio, encerado y abrillantado a diario y las sábanas almidonadas y planchadas. ¿Demasiado para ti? Este es el problema con los extremos.

Diferencias entre el trabajo y el hogar

Hay otro ejemplo a tener en cuenta antes de llegar al del póquer.

¿Cuántos de nosotros saben o han oído hablar sobre contables que hacen un trabajo estupendo en el trabajo pero que en su propia casa nunca llevan las cuentas al día? La consistencia no es algo que podamos asumir cuando se trata de la escrupulosidad. A menudo, de hecho muy a menudo, las mismas personas tienen muchos niveles diferentes de esos rasgos entre su trabajo y su casa. O entre su trabajo y sus hobbies o entre familia y negocios. El equilibrio es muy importante cuando hablamos de escrupulosidad.

El equilibrio es igualmente importante cuando hablamos de los diferentes rasgos de la escrupulosidad y del póquer.

Desventajas de los extremos

Tendemos a pensar en autodisciplina, rigurosidad y deliberación como cualidades positivas. La mayor parte de las veces lo son, sin embargo casi todo lo que se lleva al extremo se vuelve una desventaja potencial. Cojamos al jugador de póker reflexivo que se basa en las matemáticas. Conoce las probabilidades. Se ha tomado su tiempo para aprender meticulosamente todas las matemáticas y es capaz de calcular las probabilidades de ganar el bote en pocos segundos. Pero ha ido demasiado lejos y se ha vuelto un perfeccionista de las matemáticas en la mesa, por lo que un buen jugador de póker sabrá que va a hacer all-in si tiene una probabilidad de 2 a 1. Tomará esta decisión siempre, no puede evitarlo, su disciplina matemática le controla. Tuve a este tipo de jugador en mis partidas durante años. Siempre perdí más botes contra él de los que gané pero eso sí, siempre gané más fichas de las que perdí.

Veamos un ejemplo del otro extremo de la escrupulosidad. Un jugador que está menos motivado y menos dirigido a un objetivo. No es vago, sólo demasiado tranquilo. Se pierde las señales. Se lo está pasando bien en la mesa. Pero cuando aparece una buena mano, le falta la información que podría haber recopilado y además ha facilitado información que podría haberse guardado para sí mismo. Una persona fácil de leer, que no sabe en qué situación se encuentra en la mano.

Criaturas de hábitos

Ahora, como en todos los rasgos de póker que hemos analizado, la mayoría de nosotros no nos encontramos en ninguno de los extremos. La mayoría estamos cerca del centro de la escala y hemos intentado a medida que construimos nuestro juego, acumular más rasgos buenos y eliminar los malos. Déjame que te aconseje que conocer tu tendencia puede ser muy importante, especialmente en torneos largos. O dicho de otra manera, si eres propenso a ser demasiado estricto, demasiado meticuloso o demasiado poco preciso y casual, ahí es donde tu juego tenderá a fallar cuando estés cansado después de jugar durante horas.

Somos criaturas de hábitos y aunque seamos capaces de modificar nuestro comportamiento, somos propensos a cargar con nosotros las tendencias con las que nacimos. Así que, esa vieja advertencia de conócete a ti mismo te será siempre útil para mantenerte dentro de la carrera dentro de un largo campeonato de póker y no chocarte y quedarte en ese empinado acantilado.

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