Una ves que los espectadores han salido de la Sala Amazonas, el juego empieza. Re respira una calma más propia de una catedral que de una sala de póquer, en los primeros minutos de estos torneos de $1.500. Mientras se pasan los nervios del principio y los jugadores se acomodan en las mesas, parece que empiza a subir el volumen en la sala otra vez. Y cuando los espectadores vuelvan a entrar...bueno, ni qué decir...